DIARIO DE ALONSO
querido diario, hoy, mientras estaba tumbado en una cama chapucera e incómoda, la mujer del ventero, la hija, y una joven Asturiana llamada Maritornes se han acercado ha mi para curarme las heridas, las que mi buen escudero les ha dicho que me había hecho cayéndome de una peña.
Por la noche todo en la venta estaba tranquilo, y en la estancia solo seguíamos despiertos Sancho, el arriero y yo, mi buen escudero y yo mismo por el dolor de las heridas, el herrero esperando a la joven Asturiana para poder así darle placer. Yo, en verdad, también estoy esperando a una dama, ya que la hija del ventero se ha enamorado de mi, yo lo se, pero de todas las maneras yo no voy a serle infiel a mi amada, la dulce Dulcinea.
Ya en la noche, al fin ha venido la hija del ventero, yo la he agarrado de la muñeca y la he sentado a mi lado para explicarle lo que sucedía, de repente, el arriero se me ha echado encima celoso, la cama al ser tan chapucera se ha venido a abajo, la hija del ventero se ha escondido debajo de la cama de Sancho, por lo que este asustado la ha intentado apuñalar, aunque esta se ha defendido, el arriero se tiro sobre Sancho y entonces comenzó una pelea tremenda en la que no sabíamos donde acababan nuestros golpes, hasta que en un instante alguien me ha dado y me he quedado inconsciente
DIARIO DE SANCHO
era de noche, mi amo estaba tumbado en la cama, herido, esta tarde le habían golpeado los arrieros, aunque eso no era lo que yo le decía a la gente, las hija del ventero y maritornes se acercaban hacia el para curarle las heridas.
Pronto se hizo de noche. Estábamos yo, Don Quijote y el arriero despiertos, nosotros por el dolor y él esperando a Maritornes.
Maritornes se metió a la cama de Don Quijote pero el arriero los vio y se abalanzó sobre la cama de Don Quijote la cual se derrumbó y le hizo despertar al ventero. Esta intentó esconderse debajo de mi cama lo cual me provocó un gran susto y la golpeé. Mientras tanto el arriero la intentaba ayudar, después vino el ventero y se abalanzó sobre Maritornes para castigarle por lo que había hecho.
Un cuadrillero de la Santa Hermandad se despertó por el alboroto y entró a la habitación.
Se pensó que Don Quijote estaba muerto y separó la pelea. Se le apagó el candil, por lo que salió de la habitación y fue a encenderlo.
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